viernes, 12 de mayo de 2017

La verdadera carta de Randazzo

LA VERDADERA CARTA DE RANDAZZO:

Casa Rosada, 18 de junio, 2015.

Querida turra del orto:

Ya está. Me cagaste la vida. Ocho años estuve comprando esos trenes de mierda, y ahora le das la presidencia a ese manco hijo de puta, pajero, capaz de hacerse la paja con una sola mano. Pero te digo una cosa: a mí ningún motonauta del orto me va a venir a apurar. Ya mismo salgo del despacho y los cago a piñas a todos. ¡Putos! ¡Hijos de prostitutas!

Lo que más me calentó es que me quisieras poner de gobernador. ¿Quién quiere ser gobernador de esa provincia llena de indios mugrosos? Cuánta razón tenía Néstor cuando me decía que las mujeres son todas unas hijas de puta. Lo decía por vos, porque le tenías las bolas tan hinchadas como dos pelotas de básquet, al pobre. Se murió para que le dejaras de hinchar las bolas. Como me voy a morir yo si me quedo acá mucho tiempo más. Ya veo trenes por todos lados. Sueño que vienen trenes de noche, cargados de mancos a meterme los brazos ortopédicos por el culo. Y todo eso te lo debo a vos, Cristinita. ¿Qué más querés de mí? ¿Querés ponerme de intendente de Villa Ojete, también? ¿Querés que vaya a limpiar baños en Retiro, la puta que te parió? Llevo ocho años chupándote la concha, ¿y así me pagás? ¿Qué nos pasó, Cristina? Yo pensé que era mi momento. Ya me veía de presidente, inaugurando trenes transpatagónicos, un tren que uniera Buenos Aires con África, un tren flotante, un tren submarino, y todo el mundo chupándome la pija. Y ahora qué hago? Sos una reventada, Cristina. Esto fue un entramado que armaste con ese viejo hijo de mil putas de Bergoglio. Al final, terminaste siendo una chupacirios vos también. Vos sos la Chabela, y el Papito Francisco es tu Brujito.

Cuando las papas (y ésta metáfora nunca mejor puesta) se te estén quemando; cuando el manco que es capaz de tocar el clarín con una sola mano le esté entregando el país a las corporaciones, ahí, ese día, te vas a acordar de mí. Y ese día vas a venir mansita y al pie, a chupar bien mi pija Nacional y Popular. Pero ni así te voy a ayudar. Seguro que así se la chupaste a Francisquito.
Estoy en mi despacho, y por la ventana veo caer la lluvia. Son lágrimas peronistas que caen desde el cielo. ¡Es el General que llora, carajo!

Ya vas a ver, Cristinita, cuando este turro asuma la presidencia. En un mes se deja crecer las patillas. En un año ya te remató todos los trenes. Yo te aviso, Cris, a mí me llegan a privatizar los trenes y yo no respondo de mí. Soy capaz de choriarme una locomotora Nacional y Popular y pasarle por arriba a ese hijo de puta, y cortarle el único brazo que le queda, la puta que lo parió.

Fueron divertidos estos años viendo perder a los gorilas. Ya está. Doce años de progresismo es mucho para un país donde siempre gana la derecha. Váyanse todos, todos, a la puta madre que los parió. Váyanse todos a la concha bien de su madre.

sábado, 24 de abril de 2010

La Dama de las Ruinas en la Noche del Lenguaje. Un análisis de La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik



(Por Maximiliano Sánchez)

El texto se analiza desde los núcleos fundamentales de la poética de la autora argentina. La idea principal de esta poética es una percepción del lenguaje como un hecho vacuo, un entendimiento de la palabra como una ausencia radical de la cosa significada. Esta percepción del lenguaje poético como un hecho autorreferencial lleva a la poeta a escribir un libro que ya no habla del mundo, sino de otro libro. La palabra poética corta los puentes que la conducen hacia las cosas, para referirse sólo a sí misma. En este contexto, el castillo gótico juega un rol fundamental en la historia que se cuenta en La condesa sangrienta. El castillo es un laboratorio de visibilidad plena, en donde el lenguaje es saturado hasta el límite en su referencialidad. El intento de Pizarnik consiste en encerrar el lenguaje en el castillo de Cestzje, abandonar toda metáfora, e intentar reconectar con las cosas del modo más brutal, de modo que al lector no le quede otra salida que “ver” las escenas de las torturas infligidas a las niñas, contadas hasta en los más ínfimos detalles. Por otra parte, el Castillo, que es pura visibilidad “hacia adentro”, es pura invisibilidad “hacia fuera”. La condesa puede realizar todos sus crímenes porque nadie (poder vigilante o administración burocrática) la “ve”. El castillo gótico es el lugar en donde la modernidad esconde todo lo que no puede admitir: el incesto, el crimen, la violación, el deseo. Finalmente, el Castillo de la Condesa implica una condensación de lo femenino como ausencia de la palabra.

Leer el resto del artículo en Revista Sin Frontera

sábado, 19 de diciembre de 2009

Todos los domingos son agosto

Estar parado frente a ese enemigo.
Su estómago es una gran galleta dulce devorada por cientos de hormigas rojas que dan su mordisco a destiempo y sin dirección.
Me acuerdo de sus ojos.
Tenían la imagen de nacer atrapados por una luz que entraba y salía como alguien que mira los postes del teléfono en una ruta desde la ventanilla de un coche en movimiento.
Tenía miedo.
Se reía de la posición de mis brazos una vez que mi mano izquierda empezó a temblar bajo un techo de chapa invadido por los golpes que las ramas de un álamo le apuraban.
Era domingo y no fuimos a la calesita cerca del Auditorio porque mi hermana se murió de un ataque de risa al verme pelear.

Perseo

Puto Caro

Hay una mujer en el reverso de una tela mirando dentro del bolsillo de un esquimal en la morgue de los días.
Pienso que falta un llegue de sol a su cabeza en la que solo cuento curvas entre montañas y el espacio resuelto de un accidente que me mató desde lejos.
He salido.
Me han visto feliz de costado.
Un camión ha detenido su marcha frente a mí unos minutos y he sentido vergüenza al descubrir que el chico de la basura me mira con desprecio mientras se toca la pija por encima del pantalón. A propósito le he dejado la ventana de la cocina a medio abrir y las llaves del Fiat 128 amarillo que metálicamente cualquiera puede tomar como algo borroso en la frontera de una mesa, pero se aleja con indiferencia mientras escupe en su huida.
Pienso como la mujer que tiene bordada sus venas de hilo mientras cruzo esta calle transitada y siento frío de acordarme las veces que lo esperé llegar. Recuerdo cuando me saqué la ropa esa mañana y la mano derecha de aquel morocho estrelló mi cara contra el piso.
Hubo una fuga después,
la del brazo de un abrigo estirado todo un domingo atrapado en mi cuerpo dolido o como seis monedas cayendo al piso de abajo sin hacer ruido.

Perseo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

¿Cómo perdí mi Palermo? (Para una estética del exilio)

Este texto se publicó hace poco en el número 3 de la revista literaria Te Voy a Atornillar. Se suponía que sería una crítica de la novela The Palermo Manifesto, publicada hace poco más de un año por Esteban Schmidt. Pero terminé escribiendo absolutamente otra cosa.
Pueden leer el texto clickeando sobre el título, o simplemente AQUÍ.

Maximiliano Sánchez

domingo, 16 de agosto de 2009

Las náufragos

1.

Cuando atraviese el segundo portón que está al doblar la esquina,
esa melodía revolverá sus ojos como la rueda de un molino que apura al aire en un incendio y en breve, todo habrá quedado atrás indiferente:
que alguien le avisa cuando está por llover aunque todo se mire de una misma manera y esos motores, nunca olviden la inútil intención de pintarse los labios mientras camina,
puede ser otra de sus mentiras.
En la quinta cuadra, el fantasma de hierro pasea sin miedo su boca, improvisando palabras para nadie. En ella no existen. Un amigo en el canal de las estrellas muestra su capa de tristeza mientras cae hasta perderse en el vacío de un bloque.
Dos macetas de porcelana esconden una parte de su mano izquierda y desde la ventana pueden verse los escombros de una casa demolida y transformada en una veterinaria. Ella sueña con ser la bailarina de una conversación en la noche.


2.

Por primera vez este lugar es abierto y no se parece a nada aunque las horas del trance causen en este desierto de aguas sin salida, un instante con gesto de repetir palabras en la tarde de un buceador de horribles melodías o la pausa de maniquíes derretidos en sus ojos de arena.
Por única vez,
no hay heridas que tomen aire y luego olviden a la víctima sin memoria que florece en una oscuridad con el brillo que tienen los puertos que vomitan angustiosas prostitutas detrás de mudos pasajes. La fuga inevitable es en toda dirección en las playas que ocultan el secreto de algunos decapitados que han sostenido al mar mil veces muerto en su sonrisa de infinito margen.
Por última vez,
el horror de salir corriendo es antifaz y sombra de árboles en la noche de un fantasma que ha desaparecido en la ceremonia de su tristeza sin beber su vino: las flores oscuras y los muelles azulados a veces dan asco.


3.

En los azulejos de una casa de cartón había dibujado una flor incompleta y una soga.
Creo que después volvió. Eran tres las personas que bailaban esos cuerpos apresurados con ojos de otros mientras el silencio de tallar alguna voz en la ausencia devolvía agotadas formas de esperar.
En otro plano a la vez, desintegró la escena de una niña mutando descalza entre sustitutos muñecos sin boca que habían entrado por su cara para ver a esos enfermeros arrastrar un muerto hasta la bañera y así despistar al ángel que horas más tarde atropellarían con sus oraciones.


4.


“ el diamante perdura entre nosotras y con la lengua tocamos la lluvia donde un día sucedían muertos”.

(Las Náufragos.)



5.

Habla de un trapecio nebuloso sobre el mar que ha visto por segunda vez sin asombro una colmena de murgas colgadas de un bostezo, antes de despertar en lo invisible de una galería de esculturas de nylon sobre una playa, donde carpas son levantadas y despedidas al humo sin razón.
Respira y todo lo destruye. Entra por su boca como piano bajo fuego al sendero que conozco y cuida sus ojos de expresos a ninguna parte.
Así de animales han enterrado el secreto de un manicomio a la vista de una cruz en la noche y mueren de cansancio en el dolor abierto de una mentira. Adiós y luces que se apagan.




Perseo

viernes, 31 de julio de 2009

Borges: la potenciación de lo no-textual en “El milagro secreto”

Se ha dicho que Borges escribió gran parte de su obra a partir de una toma de posición respecto de las vanguardias. Si la vanguardia rioplatense propuso y manifestó la escritura en los márgenes, la obra elaborada en hipótesis, el libro prefigurado y nunca escrito, la muerte de la literatura, la muerte del arte, etc., Borges contestó con una obra literaria que hablaba recurrentemente de libros que, en la mayoría de los casos, no existían. El caso paradigmático de la vanguardia en el Río de la Plata fue Macedonio Fernández: el escritor de las novelas nunca terminadas, el eterno diseminador de borradores y proyectos literarios que nunca llegaban a concretarse, ni siquiera a comenzar. El Museo de la novela de la Eterna es una novela que nunca empieza, y que se disuelve en sus interminables prólogos. La vanguardia es siempre el texto que nunca llega a escribirse.
Borges será el que tome este impulso de la vanguardia como texto no-escrito, o como lo no-textual, pero para ponerlo al servicio de su propio proyecto literario. Esa es su manera de negociar con la vanguardia. La obra de Borges está plagada de referencias a textos inexistentes, capítulos apócrifos de enciclopedias, escritores inventados y bibliotecas infinitas y falsas. No existe el capítulo de la Enciclopedia Británica que da origen a la trama de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, ni existen los libros absurdamente acumulados en “La biblioteca de Babel”, ni existe la obra de Herbert Quain, ni el manuscrito incompleto donde se halla la historia de “El jardín de senderos que se bifurcan”, etc. Se trata de una literatura que permanentemente confronta con la no-literatura; una escritura que pacta con lo no-escrito, con lo nunca escrito.
Pero en “El milagro secreto”, este artificio borgeano está, podría decirse, elevado a una segunda potencia. Su protagonista, el traductor y dramaturgo checo Jaromir Hladík, un judío que está por ser fusilado a manos de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial, le pide a Dios que lo deje vivir un año más para poder terminar la obra de teatro que está escribiendo, y que lo justificaría en el mundo de las letras. Mientras el escritor se justifica sólo a través de una obra escrita, Dios se justifica sólo a través de los escritores. Dios es una palabra, y quien la domine y la escriba, podrá justificar a Dios. Dios sólo existe a través del lenguaje. En la tradición cabalística, Dios, para crear el mundo, necesita primero decirlo. Esto es: para hacerse Dios, necesita de la palabra.
Dios concede al dramaturgo su último deseo. Aparece en un sueño, ciego y en medio de una biblioteca interminable, y le dice al escritor que tendrá su año de gracia para terminar su obra. Pero Dios podría ser inefable y estar más allá de todo, más allá del ciego y de la biblioteca, más allá de las infinitas palabras absurdamente acumuladas. Dios es una letra perdida en una palabra perdida en un libro perdido. El signo que es todo está, existe, pero no hay un orden para poder encontrarlo. Como en “La biblioteca de Babel”, la palabra es absurdamente acumulada; y el infinito es inútil. Dios es una mancha de tinta perdida entre los interminables anaqueles. Hay una clave que permitiría dominar el mundo. La clave es una palabra. Está en un libro. Pero no hay un mapa que nos lleve a ella.
Nunca el lector tiene acceso a esos libros perdidos. Pero existen a un nivel de la narración. La obra de Herbert Quain tiene un lugar, está mencionada, está referida. Hay coordenadas que permiten ubicarla en el espacio de la narración. Si existe Herbert Quain como personaje, existen también, al mismo nivel de la trama, los libros que escribió.
Lo mismo sucede con los libros y las traducciones de Jaromir Hladík. Sin embargo, cuando Dios le concede el deseo, tiene lugar un movimiento casi imperceptible, pero que implica un cambio de enormes proporciones. El dramaturgo Hladík está ante el pelotón de fusilamiento; las armas se levantan contra él, le apuntan; alguien piensa que la sangre de su cuerpo manchará la pared, entonces le piden que se aleje un poco de ésta. Hladík obedece. Cae una gota de lluvia sobre su mejilla. Vuela una abeja cerca de su cara. En ese momento “el universo físico se detiene”. Los rostros inmóviles del pelotón de fusilamiento lo miran impasibles, la abeja ha quedado inmóvil, petrificada en un instante de su vuelo, en el aire, como en un cristal, proyectando su inmóvil sombra sobre el suelo. Dios es ahora el amo del tiempo. Puede detenerlo, hacer más lento o más rápido su transcurrir. Ahora el protagonista comprende que el milagro secreto le ha sido concedido. Tiene un año para completar su obra de teatro. Pero ¿en dónde trabaja el escritor? ¿Con qué escribe? ¿Dónde está el libro? ¿Qué forma de existencia tiene?
Hasta ahora se podría pensar que la obra de teatro existía en el mismo nivel de existencia que el personaje Hladík. Pero ahora el libro sólo es lenguaje pensado. No existe el acto físico de la escritura; no existe el registro físico, las manchas de tinta sobre el papel, ni el escritorio, ni los borradores. Hladík dispone de un año para completar su drama. El año transcurre, pero como un arreglo privado, como un pacto secreto entre él y Dios, mediado por la palabra. La escritura es inmaterial, nunca corporizada; siempre flotante y abstracta, nunca exteriorizada en el papel. La escritura transcurre en el lenguaje secreto, guardada bajo la llave judía del pacto sellado por Dios con el Pueblo Elegido. Hladík tiene, en el transcurso de ese año (que pasa solamente para él y para Dios) la oportunidad de corregir, modificar, y dar fin a su obra de teatro.
¿Cómo se corrige una obra de la que no hay un registro, más que el registro de la memoria? Hladík trabaja y corrige durante un año, sin que la escritura sea mediada por ninguna materialidad. Escribe en la mente de Dios: la palabra finita del dramaturgo contra la palabra infinita del Dios que dijo el mundo para crearlo; como si toda corporeidad hubiese sido suspendida por el milagro secreto, para que la mente del escritor pueda vagar, sin ninguna atadura terrenal, por el universo infinito de la literatura. La mente del escritor vuela como la paloma imaginada por Kant: en el vacío, sin sentir la resistencia del aire contra su cuerpo.
La tradición judía, la del Antiguo Testamento, se queda siempre en la palabra abstracta, en el verbo, en el logos, en lo universal. Borges limpia la escritura de toda singularidad, de toda terrenalidad, de toda concreción. Si Cervantes siempre está pendiente del soporte material de la escritura (el Quijote está lleno de referencias a un cartapacio escrito en árabe, luego interrumpido, luego traducido al español, luego escrito en el margen, etc.), Borges está siempre tratando de borrar todo el peso material de la escritura, como si se pudiera pensar y escribir en el vacío, sin que importara el idioma, ni la traducción, ni el papel, ni la tinta. Cervantes es el escritor del verbo encarnado, de la escritura encarnada y problematizada por el peso de su materialidad. Borges, en cambio, es el judío de la literatura, el que libera la palabra de todo peso, de toda especificidad. Cervantes piensa el texto como cuerpo, como el cuerpo de Cristo, atravesado por el logos, singular y universal a la vez. Borges se queda en el vacío puro de la literatura, en el logos sin peso, solamente dicho, y nunca configurado en un cuerpo de papel. La obra de teatro de Hladík es solamente pensada, elaborada en la simplicidad y la abstracción de las palabras puras, palabras nunca corporizadas, nunca configuradas en la materialidad del borrador, ni alumbradas por la luz de la lámpara del escritor.
Cuando la paloma termina de volar por el vacío, las armas del piquete destinado a terminar con la vida de Hladík se disparan, la abeja continúa su vuelo, y la gota de lluvia que rodaba por la mejilla del escritor termina su caída.


Maximiliano Sánchez