Ángel de terciopelo recubierto de alambres.
La piedra imagina la fiebre
Mientras lastimada repite lo imaginado.
El príncipe arrastra sus pies.
El príncipe sometido a la muerte de sus pasos,
Príncipe de noches de nunca insomnio.
La fe perversa de cortar la cabeza del poeta.
Duérmete Príncipe mía
Que vienen los buitres a comerte los ojos
Duérmete ya Príncipe dormida
Cruza el mar de hierbas a gritos
Que en el fondo los buitres existen.
Bebe invisible los dolores atroces
Que sólo en la muerte de una piedra
El espacio se vuelve terminal.
Perseo
sábado, 18 de julio de 2009
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