
1. El proyecto genealógico: Genealogía, Filología, Tipología
Nietzsche comienza su Genealogía de la moral con un análisis de los conceptos centrales de la psicología. Balance que arroja desoladores resultados: por todos lados aparecen conceptos reactivos, pasivos, negativos. Siempre el esfuerzo por interpretar los fenómenos en términos de fuerzas reactivas: a medida que se ahonda en el estudio de las ciencias del hombre, con más frecuencia aparecen conceptos tales como utilidad, adaptación, regulación. Esa es la crítica de Nietzsche a los psicólogos ingleses:
«Originariamente –decretan– acciones no egoístas fueron alabadas y llamadas buenas por aquellos a quienes resultaban útiles; más tarde ese origen de la alabanza se olvidó, y las acciones no egoístas, por el simple motivo de que, de acuerdo con el hábito, habían sido alabadas siempre como buenas, fueron sentidas también como buenas –como si fueran en sí algo bueno.» Se ve enseguida que esta derivación contiene ya todos los rasgos típicos de la idiosincrasia de los psicólogos ingleses, –tenemos aquí «la utilidad», «el olvido», «el hábito» y, al final, «el error», todo ello como base de una apreciación valorativa. [1]
Por todas partes, siempre la misma ignorancia de los comienzos, de la invención de la moral y de la genealogía de las fuerzas. El hecho es siempre nada más que una interpretación, pero ¿qué tipo de interpretación? Lo que a través de la historia se ha llamado “verdad” es el producto de una voluntad, y de una voluntad interesada. Habría entonces que preguntarse qué quiere aquel que dice “busco la Verdad”. La respuesta a esta pregunta deberá buscarse en el proyecto de la Genealogía de la Moral.
El conocimiento y la moral son, para Nietzsche, “invenciones”. Pero ¿qué quiere decir con esto? Como explica Oscar Terán en su trabajo introductorio a la compilación de artículos de Michel Foucault (El discurso del poder), el origen
"mienta una pureza sin sombras en el primer amanecer del mundo, un momento absoluto emblematizado míticamente por el instante en que surgía, del seno del Caos, el huevo dorado de las teogonías, y al que habría que preguntar permanentemente por las causas y el sentido de nuestro presente". [2]
Y la mención de Foucault no es casual. Sólo hay que recordar que en la primera conferencia de La verdad y las formas jurídicas, el filósofo francés alude al pensamiento nietzscheano como el mejor y más eficaz de los modelos que se tienen a mano para llevar a cabo las investigaciones que él está proponiendo. [3]
Foucault toma como punto de partida para su conferencia un texto de Nietzsche fechado en 1873 y publicado póstumamente. El texto en cuestión es “Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral”. En su pasaje inicial, dice Nietzsche: “En algún punto perdido del universo, cuyo resplandor se extiende a innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue aquel el instante más mentiroso y arrogante de la historia universal.” [4]
Foucault se concentra en el término invención. Nietzsche dice que los animales inteligentes inventaron el conocimiento. Foucault explica que cuando Nietzsche habla de invención, “tiene in mente una palabra que opone a invención, la palabra ‘origen’. Cuando dice ‘invención’ es para no decir ‘origen’, cuando dice Erfindung (invención, en alemán), es para no decir Ursprung (origen, en alemán).” [5] Para Nietzsche, la invención implica, por un lado, una ruptura, y por otro lado implica algo que posee un comienzo pequeño, mezquino, bajo e inconfesable.
(Leer el resto del artículo en Revista Observaciones Filosóficas)
Maximiliano Sánchez
[1] Nietzsche, Genealogía de la Moral. Madrid, Editorial Alianza, 1972. Traducción de Andrés Sánchez Pascual. I, 2. P. 31. De aquí en adelante, se citará este libro como GM.
[2] Terán, Oscar, “Presentación de Foucault”, en Foucault, Michel, El Discurso del poder, México, Editorial Folios, 1983.
[3] Cf. Foucault, La verdad y las formas jurídicas, Barcelona, Editorial Gedisa, 1980. P. 19.
[4] Nietzsche, citado por Foucault en La verdad y las formas jurídicas. P. 19.
[5] Foucault, Ob. Cit., p. 20.

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