lunes, 29 de junio de 2009

Argentina 2002: piquetes y desobediencia civil


PIQUETES Y DESOBEDIENCIA CIVIL: Argentina, Año 2002.

Las prácticas políticas que tuvieron lugar en la Argentina durante el año 2002 plantearon una serie de interrogantes. ¿Qué sería de la vieja política? ¿Qué formas germinales tendría la refundación de la que tanto se habló? ¿Estaba nuestra Sociedad Civil preparada para liderar el cambio?
En nuestra opinión ha tenido lugar un lamentable retroceso desde las organizaciones de autogestión y democracia directa que se instalaron durante el año 2002 en Argentina, hasta el momento actual (año 2009), en el que la vieja política parece haber cooptado, una vez más, todos los territorios de la participación ciudadana.
El siguiente artículo fue escrito durante el año 2002, en el ojo del huracán. En ese momento parecía que comenzaba algo nuevo. Releer lo escrito en aquellos días sirve, tal vez, para ver en qué nos equivocamos, y cómo fue que volvimos a caer en la misma trampa de siempre. Cómo fue que las viejas maquinarias de clientelismo y aparatos, de provincias feudalizadas y de caciques ignorantes, volvieron a ganar.



1. La Sociedad Movilizada

Si enfocamos el fenómeno de la desobediencia civil desde la perspectiva de la relación entre la legalidad y la legitimidad, aparecerán elementos nuevos que nos ayudarán a pensar lo que sucede hoy en la Argentina. Muchos fiscales invocan la ley para desalojar a los piqueteros de las rutas cortadas. Y al observar esto nos preguntamos “¿es justa la ley?”, “¿es legítimo lo legal?”.
Entendemos que el Estado, entendido como conjunto de instituciones, debe adoptar un movimiento de autoampliación, de heterogeneización, que posibilite una necesaria refundación de la institucionalidad. El estado deberá reterritorializar, reconquistar los fenómenos de desobediencia civil que se encuentran en sus propios márgenes institucionales, anexárselos, o terminar de perecer.
Desde hace algunos años venimos tratando de demostrar que lo que hemos llamado microrrevoluciones vendría a llenar el vacío dejado por el concepto clásico de la revolución masiva y total. Es tiempo de comenzar a pensar que todos estos movimientos que están teniendo lugar en nuestro país, posiblemente sean ejemplos de microrrevoluciones: revoluciones moleculares en pequeños espacios, organizaciones en redes que entienden el poder en términos más horizontalizados que jerárquicos, agrupaciones vecinales reunidas en asambleas, etc. Estos grupos están haciendo política en el sentido de ejercicio de la ciudadanía, y no en el sentido tradicional.
Este torbellino de corporaciones multinacionales que alejó a los representantes de los representados, esta diáspora que ha deshecho los grandes bloques a través de los cuales se solía pensar la política abstracta en su autocomplacencia, ha traído también un viento de renovación que debería ser captado por la filosofía política. Entre el Estado y el pueblo, está surgiendo la sociedad civil, compuesta por una opinión pública movilizada, politizada y fervientemente activa. Frente a los partidos políticos, los ciudadanos. Frente al derecho tradicional, que funciona a favor del mercado, la desobediencia civil; frente a la política clásica, la micropolítica y la movilización general; frente a una revolución utópica, burocráticamente entendida e irrealizable, las microrrevoluciones.

2. Desobediencia Civil no es Delincuencia Común.

Hannah Arendt puntualiza las diferencias entre la desobediencia civil y el crimen común. En principio, el desobediente civil actúa a la luz pública, y en grupo. En las marchas se violan leyes (por ejemplo, ordenanzas de tránsito) que el desobediente considera irreprensibles en sí mismas, pues se trata de protestar contra leyes injustas, políticas gubernamentales u órdenes ejecutivas. La desobediencia civil es realizada siempre por un grupo, es exhibida a la luz pública, y nunca es ocultada, como el crimen común. A través de la desobediencia civil, un grupo adopta una postura contra la política del Gobierno. Se trata, pues, de un fenómeno de masas que desafía a la autoridad establecida (autoridad religiosa, secular, social, política).
Así pues, la desobediencia civil surge cuando un significativo número de ciudadanos llega a convencerse, bien de que ya no se puede operar en la sociedad a través de los canales normales de cambio, o bien de que se están sucediendo graves y rápidos cambios a partir de decisiones administrativo–gubernamentales cuya legalidad y constitucionalidad son abiertamente dudosas.
En cualquier caso que se trate, la desobediencia civil está siempre relacionada con una minoría que es demasiado importante (y no sólo en términos numéricos, sino incluso en calidad de opinión) como para que resulte prudente desdeñarlas.

3. Entre lo jurídico y lo fáctico.

A través de la historia, ninguna civilización hubiera sido posible sin un marco de estabilidad que facilitara el fluir del cambio. Entre los factores civilizadores más fundamentales se encuentran los sistemas legales.
Pero en nuestra época el cambio, instalado de un modo totalmente acentuado, plantea un reto a los sistemas legales. En principio, el cambio que se plantea desde lo fáctico hacia lo jurídico, es siempre una presión ejercida desde las periferias de lo legal hacia el centro de lo legal mismo. Como explica Arendt, la ley puede, desde luego, estabilizar y legalizar el cambio, una vez que se haya producido. Pero el cambio es siempre el resultado de una acción extralegal.
Todo el cuerpo de la legislación laboral de los EEUU fue precedido por años de desobediencia civil; ejemplo de lo extra–legal que pasa a ser legal.
Este fenómeno es estudiado por Jürgen Habermas en términos de una mediación entre facticidad y validez. Situándose en las actuales controversias entre la constitución jurídica y la comunidad política altamente complejizada, Habermas retoma el reto iluminista de una crítica a la razón moderna elaborada con las propias herramientas de la modernidad.
En el contexto de una política completamente secularizada, Habermas piensa que el Estado de Derecho no puede mantenerse sin participación ciudadana.
A partir de la denuncia marxista a la idea de juridicidad, queda para siempre roto, en la modernidad, el lazo entre Derecho y Revolución. La propuesta de Habermas consiste en rehacer ese lazo, en tratar de pensar en un sistema de derecho que se haga cargo y pueda tomar la forma de las exigencias que se le plantean desde el campo de las luchas populares. La revolución tendrá su lugar en las demandas planteadas desde el campo de la opinión pública políticamente movilizada, y tendrá su recepción en un sistema jurídico capaz de ampliarse de acuerdo a las exigencias de legitimidad explicitadas en la discusión pública.
El problema actual es, para Habermas, que la teoría política y la teoría normativista se disgregan (...) en posiciones que apenas tienen entre sí nada que decirse. La teoría política se queda del lado de una pura facticidad, realizando planteamientos objetivistas que eliminan todos los aspectos normativos. Los planteamientos jurídicos, por su parte, se quedan en un puro normativismo, que corre el riesgo de perder todo clivaje social. Queda así planteada la disociación entre facticidad y validez, en la forma de una tensión no resuelta entre normativismo y objetivismo.
Por eso Habermas intentará una reconstrucción que agrupe las dos perspectivas: una teoría sociológica del derecho con una teoría filosófica de la justicia, a través de la introducción de un paradigma procedimentalista del derecho.
En la actualidad Habermas encuentra dos paradigmas jurídicos en disputa: el paradigma liberal del derecho, y el paradigma del derecho ligado al estado social. Habermas entiende que ninguno de estos paradigmas jurídicos nos sacará del atolladero (facticidad o validez) en el que nos encontramos. Para eso propondrá un tercer paradigma jurídico: el paradigma procedimental del derecho, que tendrá la forma de una política deliberativa realizada desde la sociedad civil.
En el paradigma procedimental del derecho, propuesto por Habermas, se trata de proteger las condiciones del proceso democrático. Aquí el ciudadano tomará parte cooperativamente (a través de foros, consultas populares, etc.) en todos los asuntos que atañen a la cosa pública, trascendiendo el modelo cultural expertocrático en el que nos hemos sumergido a partir de que la ciencia comenzó a operar como ideología, co–operando con los sistemas de dominación política.
Pues los problemas que surgen en las condiciones de una sociedad compleja requieren respuestas que ya no sean sólo neutrales–operativas. Es necesario infiltrar legitimación de derecho procedimental al interior de la administración.
La discusión entre facticidad y validez sólo se resolverá normativamente, generando impulsos legitimadores desde el campo marginal hacia el centro de lo válido. A este nivel, la sociedad civil es entendida como el atrio del complejo parlamentario, a la vez que como periferia de los impulsos legitimadores.

4. Accionabilidad de los Derechos

El jurista argentino Rodolfo Capón Filas, ubicado en la teoría sistémica del derecho, propone una revisión crítica tanto de la Realidad como de la Norma, a la vez que una revisión de las normas a la luz de los Derechos Universales del hombre. Desde su obra, dedicada específicamente a los temas del derecho sindical y laboral, plantea la accionabilidad de los derechos constitucionales por parte de pretensores civiles. En el marco de las luchas por los derechos laborales, la solidaridad, la justicia social y la cooperación obran como entrada crítica al sistema. Sus contenidos han sido receptados en la Carta Internacional (de los Derechos Humanos) y penetran todo el ordenamiento jurídico a través de los principios generales del derecho. De manera que los derechos civiles están para realizar los derechos humanos, y tienen en éstos su sentido último.
Obviamente, Capón Filas no cae en el simplismo de un positivismo jurídico, pues estamos en presencia de una dialéctica entablada esta vez entre derechos civiles y derechos humanos, en donde las decisiones judiciales deben darle mayor preponderancia a éstos últimos sobre aquellos.
Frente a la orientación de la jurística tradicional y acrítica, que equipara Derecho a Mercado, Capón Filas opina que el derecho natural debe estar fundado sobre las bases del respeto a los derechos humanos, orientándose hacia la finalidad de realización de la justicia.
Este cuestionamiento nos llevará a tener que adoptar una posición personal acerca de qué sea la justicia, pues es desde la idea de justicia desde donde se llevarán a cabo todos los cuestionamientos y todas las acciones correspondientes. En el intento de evitar un posicionamiento de orden subjetivo, Capón Filas propone un menú objetivo compuesto por valores, derechos humanos internacionalmente reconocidos y principios generales del derecho.
Con respecto a los Derechos Humanos, nos dice Capón Filas: Prescindiendo de aspectos religiosos, la conciencia ética media de la humanidad ha reconocido a la persona y a los sectores sociales diversos derechos que les corresponden por situación biológica y societal. Tales facultades son anteriores al Estado y no surgen de ordenamiento jurídico positivo alguno.
Frente a este conjunto de Derechos Humanos, las normas que se puedan elaborar al interior de un Estado pueden funcionar positivamente, ambiguamente o negativamente. Un Estado serio, que promueva y defienda los Derechos Humanos, deberá elaborar normas acordes con éstos. A su luz deben evaluarse todas las decisiones políticas de la administración estatal, tales como la del ajuste estructural. Si un Estado promueve la desigualdad en las normas que dicta, mientras que en el preámbulo de su Constitución Nacional los defiende y promueve, se trata, al menos, de un Estado hipócrita. Contra esta hipocresía deberá levantarse la sociedad civil desde todos sus sectores. Contra los privilegios de las corporaciones, deberán levantarse las demandas por el cumplimiento de los Derechos Humanos.
Si el Derecho a la vida es está definido como el derecho humano fundamental, cabe preguntarse qué ocurre cuando desde las normas dictadas por Estados que igualan Derecho y Mercado, se condenan saqueos de alimentos, cortes de ruta, marchas, en fin, movimientos de desobediencia civil que invocan Derechos Supremos. ¿A favor de quién o de quiénes decidirán las cortes? La opción que deberán tomar los jueces ante la desobediencia civil será entre fallar a favor de los que se beneficiaron gracias al empobrecimiento de la nación, o a favor de las víctimas de un plan económico objetivamente nefasto.

5. Conclusión: Construir el Estado desde los márgenes del Estado.

Es inmoral cumplir con los estándares legales de un estado asesino o inmoral. Es ilegítimo ser legal, ser consecuente con un sistema que no tiene legitimidad democrática. Y si el sistema pierde poco a poco su legitimidad, y no somos capaces de profundizar la democracia, entonces nuestra generación también se convertirá pronto en cómplice de este nuevo genocidio.
La desobediencia civil se mueve en los límites de la legalidad. Lo que está desterritorializando al sistema, es luego reterritorializado por éste, en un movimiento al final del cual el estado de derecho es más heterogéneo de lo que era antes. Este movimiento ha dado origen a derechos civiles que no existían con anterioridad a las luchas que los hicieron existir como “ley”. Y esas luchas fueron, en principio, extralegales.
Quizás es tiempo de reconstruir desde los márgenes, realizando microrrevoluciones que heterogeneizen al sistema, para hacerlo más amplio y más abarcativo. Las luchas desde la sociedad civil pueden tener la forma de la legalidad (Capón Filas), o pueden tener la forma de la extralegalidad (Arendt, Habermas). De cualquier manera, del dilema planteado entre facticidad y validez sólo se saldrá normativamente, es decir, dándonos como sociedad civil nuestra propia normatividad. Mientras que el diálogo habermasiano tiene características demasiado utópicas en una nación habitada por ciudadanos acorralados por la miseria, está en los que pueden reunirse para pensar la obligación de captar las demandas de la sociedad para transformarlas en propuestas concretas.
No depende de nadie más que de nosotros. La revolución tal vez sea imposible. Pero las microrrevoluciones son aún posibles. Y tal vez el cambio que no logró ninguna revolución está al final de las microrrevoluciones que sí se pueden lograr.


Maximiliano Sánchez.

domingo, 28 de junio de 2009

Alta fidelidad

ALTA FIDELIDAD

-una banda sonora para la aburrida vida de un solitario profesor con poca vocación y mucho carisma-

Podemos entender de una manera sencilla el Principio de incertidumbre de Heisenberg, si pensamos en lo que sería la medida de la posición y velocidad de un electrón: para realizar la medida (para poder “ver" de algún modo el electrón) es necesario que un fotón de luz choque con el electrón, con lo cual está modificando su posición y velocidad; es decir, por el mismo hecho de realizar la medida, el experimentador modifica los datos de algún modo, introduciendo un error que es imposible de reducir a cero, por muy perfectos que sean nuestros instrumentos.

No obstante, hay que recordar que el Principio de incertidumbre es inherente al universo, no al experimento ni a la sensibilidad del instrumento de medida. Surge como necesidad al desarrollar la teoría cuántica y se corrobora experimentalmente. No perdamos de vista que lo dicho en el párrafo anterior no es sino un símil y no se puede tomar como explicación rigurosa del Principio de incertidumbre.

Alicante, 24 de Enero de 2006


Querido profesor:


El relato epistolar que está leyendo ahora y acaba de encontrar en su buzón, va acompañado de un CD recopilatorio cuyo único propósito es alegrarle la vida y ayudarle a solucionar sus problemas de geografía personal.


En primer lugar, necesito que sepa que las actas están cerradas y he aprobado su asignatura (“Iniciación a la construcción y su historia”) en la sexta convocatoria, a pesar de que ésta sea una asignatura de primero y el presente sea ya mi sexto año en arquitectura técnica. Obviamente, cuando ayer consulté el campus virtual, me inundó una alegría súbita; primero porque, por fin, había acabado la carrera y segundo, porque ya me encontraba en disposición de hacer ese inventario de consejos que ha de leer acompañados de esta banda sonora. Así que, por favor, deje de leer y conecte su aparato de alta fidelidad para continuar.


Durante estos seis años, he ido a todas sus clases, no porque me parezca un buen profesor, sino porque me encantaba oír sus historias. Todos los lunes a las 9 de la mañana aparecía por la puerta de clase, acompañado de su triste mirada azul mediterráneo; muy rubio, como siempre, casi albino, con un atractivo parecido a Kenneth Branagh. Llegaba ausente, deprimido, pero… radiante de carisma. Nunca tenía ganas de hacer su trabajo, aunque siempre estaba dispuesto a llenar nuestras vidas de divertidas historias, que aparentemente nada tenían que ver con su aburrida vida.


Piense en lo siguiente: ¿qué apareció antes, la música o el sufrimiento? ¿escuchaba música porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar música? Bien, para mí ese estado de melancolía en el que te sumerge la música no es sino el placer de encontrarse triste, así que, a ver si con este CD cambia su punto de vista, su perspectiva arquitectónica. Se titula MÚSICA LIGERA, porque sé que le encanta la música heavy… le he visto muchas veces en el escenario matarile, o escenario del festival de rock alternativo VIÑAROCK, en Villarrobledo, que por cierto es mi pueblo natal. El año pasado no lo vi, supongo que se habrá cansado de ir siempre solo. Sus compañeros de concierto, de repente, han dejado de sentirse atraídos por el heavy, Eso de cumplir años nos cambia un poco a todos ¿verdad? A todos menos a usted, claro…


En fin, como diría John Cusack en esa irónica comedia sobre el miedo al compromiso, el odio a tu trabajo, enamorarse y otros éxitos del pop, grabar un disco recopilatorio requiere un arte muy sutil, muchas normas y detalles. Para empezar, utilizas la poesía de otro para expresar lo que sientes y eso es algo delicado, sin lugar a dudas… y para terminar, si el compañero sentimental de una y sus tres amigos principales son unos fetichistas musicales y además tienen un grupo de pop-rock, la cosa se complica hasta límites insospechados.

Hay algo que tengo claro profe, hay que empezar a lo bestia para llamar la atención, así que la primera canción es "Vértigo" de U2, porque sé que el concierto de Madrid 93 fue uno de los mejores conciertos a los que ha asistido usted, aunque Bono y sus partenaires le decepcionaron un poco, ya que prometieron no volver a tocar “Sunday bloody Sunday” si no se acababan las guerras. Desgraciadamente, las guerras no han acabado, y el cuarteto irlandés no tuvo más remedio que faltar a su promesa.


Tras la primera canción, hay que ir aumentando la intensidad, y la segunda es “God Save the Queen” de SEX PISTOLS, aunque usted sea republicano, o mejor, precisamente porque lo es. La tercera lleva por título “Town Called Malice” de THE JAM, porque era la canción que sonaba cuando Billy Elliot bailaba sin parar, y todos sabemos que cuando usted era un niño quería ser bailarín… otro sueño perdido, ¿qué se le va a hacer?

Otra cosa que tengo clara es que sí, la intensidad ha de ir aumentando, pero sin pasarte de vueltas, porque luego hay que bajar de golpe. Y ahora el turno es para “Days Like This de VAN MORRISON. ¿La razón? Acuérdese que dijo en clase que Jack Nicholson era su actor favorito. Pues bien, esta canción era la favorita de Melvin en Mejor imposible, la favorita para romper el hielo en situaciones incómodas. El quinto puesto lo ocupa MCLAN con su canción 39 grados”. Sé que sin Santi Campillo a la guitarra no son tan murciálagos clan como antes, pero el nuevo fichaje, Carlos Raya, nada tiene que envidiar a la ahora otra parte contratante de LOS LUNÁTICOS. Así que, déles una oportunidad, aunque sólo sea porque 39 grados no son suficiente calor, porque aunque puedan derretirle la piel, tiene frío el corazón.


En el sexto THE CURE, con su canción “Mint Car”. Es un homenaje a los años 80, aunque la canción sea del antepenúltimo disco; también se la dedico a ese coche nuevo que ha cambiado por su bici estilo europeo hace apenas 2 meses. ¿Con la ecología también ha tirado la toalla?

Bueno, prosigamos… LOS ENEMIGOS son los intérpretes de la séptima canción, “Me sobra carnaval”. Escuche atentamente la letra y salga ya de ese disfraz de tipo sombrío, la verdad es que no va nada con usted.

En el octavo puesto se sitúa una de las reinas del jazz, NINA SIMONE, con “My Baby Just Cares For Me”. Creo recordar que nos contó que la vio en Nueva York cuando escribía para la revista Rolling Stone, del 77 al 82. Noveno lugar para Billie Holiday acompañada de la clásica trompeta de Louise Amstrong. La canción es “Summertime”, y sus voces, irrepetibles ambas, le recuerdan que las estaciones dependen del estado de ánimo y que este 2006 puede ser un año estival, si usted se lo propone y lo desea de verdad.

En el diez, JORGE DREXLER, “Milonga del moro judío”, una canción consonante con su indeterminación política, porque ya se sabe: uno no puede ser maniqueísta en un mundo en technicolor. Escuche el estribillo que el poeta de la calle, Joaquín Sabina, regaló al uruguayo para ayudarle a escribir esta canción: “yo soy un moro judío, que vive con los cristianos, no sé qué dios es el mío, ni cuáles son mis hermanos”.

No recuerdo con exactitud si fue en el primer o segundo año, cuando nos habló de su educación católica. La pregunta que nos hizo fue: ¿sigue estando dios de nuestro lado? Está claro que estudiar en un colegio de curas le condicionó sin duda, hasta el punto de que ahora, que ya tiene edad para pensar por usted mismo, no sabe si adscribirse al ateísmo o al agnosticismo. Así que la canción número once es “Tragón del ex enemigo JOSELE SANTIAGO. Tampoco creo que deba tener prejuicios al escuchar Las golondrinas etcétera, que es el primer y muy recomendable disco de este cantante, ahora menos hostil en solitario.

RYAN ADAMS es el autor de la canción número doce, “New York, New York”, la queridísima ciudad de su director favorito, Woody Allen. No se preocupe porque no es una versión de Frank Sinatra ni nada parecido. Nueva York es también la residencia actual de su bienamado Antonio Muñoz Molina, quien con su último libro, Ventanas de Manhattan nos invita en primera persona a dar un paseo por la ciudad de contrates por antonomasia.

JAVIER ÁLVAREZ tiene canciones preciosas, y ésta que he incluido en el número trece, definitivamente no merece este calificativo. No obstante, lo que sí voy a conseguir con ella es que se ría contagiosamente, como cuando no le preocupaba nada. La canción es “Nina no”, una irónica crítica a los chicos de OT. Hay un videoclip muy divertido también, donde el cantautor representa el papel de un bailarín que pone en práctica una coreografía, o llamémosla conjunto de pasos, para demostrar que “no es un triunfo superar la operación”.

Nos acercamos peligrosamente al final… y las dos últimas canciones hablan de amor, AMOR con mayúsculas. Ahora le diré por qué. La catorce la protagoniza JACK JOHNSON, al que creo aún no conoce. El surfista hawaiano que en estos momentos se encuentra girando su último disco In between dreams, decidió empezar este disco -insuperable desde mi punto de vista- con esta canción que incluyo en el recopilatorio. Se llama “Better Together”, y es perfecta para ayudarle a destruir esa máxima que ha hecho suya: “más vale solo que mal acompañado”.

Y la música que cierra esta banda sonora para empezar el año con buen pie, la pone MARVIN GAYE, “Let’s Get It On”, que podríamos traducir como “enrollémonos”. Tranquilo, no se trata de una indirecta… la admiración que siento por usted se fundamenta únicamente en una filosofía platónica.


Lo que le quiero decir con estas dos últimas canciones es que deje ya de inventarse enfermedades para su perro CHÉ. ¡Qué comunistilla es usted profe! En el fondo un poco, reconózcalo… Llamar a su perro como al militante cubano… ¡me encanta! Todos sabemos que está muy enamorado de esa veterinaria tan mona que vive en el ático norte. Así que, por favor, invítela ya a cenar sin la excusa de Ernesto Ché. Deje de pensar que el AMOR con mayúsculas está pasado de moda. Estoy segura de que la veterinaria es una soñadora con mariposas en el estómago, y a pesar de que usted es un escéptico del amor, ella, tan linda como dice usted que es, puede hacerle cambiar de idea y cambiar así el rumbo de su vida, si usted le deja, si le da tiempo...


En fin, aquí acaba el CD, imagino que debe estar totalmente desconcertado, preguntándose cómo puedo conocerlo tanto… Es fácil: seis años sin perderme ni una de sus clases, escuchando sus historias mínimas, las que usted protagonizaba en primera persona prácticamente siempre, aunque tratase de engañarnos con esa fórmula tan tópica y trasnochada para escurrir el bulto: “tengo un amigo que escribió para la revista Rolling Stone, durante cinco años”…


Le he estado investigando… No se preocupe, soy inofensiva y mi labor de detective termina aquí, producto de la fascinación que he sentido por usted durante todo este tiempo.

Supongo que más o menos tiene una idea de quién puedo ser y de cómo localizarme, pero tengo que decirle algo: dentro de una semana ya no estaré aquí. Acabada la carrera, dejo esta universidad para trasladarme a otra más grande: Michigan State University, la uni de Magic Johnson, ex jugador de su equipo preferido de la NBA, los Lakers, buena elección.


Le diré que estudié arquitectura porque mis padres querían tener una hija que se dedicara a algo con futuro. La verdad es que la carrera no ha estado tan mal, la arquitectura es preciosa, aunque conocerle a usted, sin duda, ha sido lo mejor con diferencia. Pero a mí, siempre me han gustado las letras, y por eso, me voy a dar clases de español y a hacer un máster en literatura española contemporánea peninsular, ya ve, ¡qué cambio!

Y hablando de letras y de ciencias… Usted debería confiar más en aquella interpretación menos rigurosa del Principio de incertidumbre que antes defendía a capa y espada. No se engañe, a usted eso de enseñar “ni fu ni fa”, de eso nos hemos dado cuenta todos y cada uno de sus alumnos. La arquitectura le encanta, sí, porque es arte, pero lo que de verdad le apasiona es contar historias. Así que hágase un favor: deje que las cosas cambien de lugar, por poco probable que sea.


Usted tiene el talento para conseguir lo que se proponga, sólo tiene que convencerse de ello y desearlo con intensidad. Dedíquese a otra cosa: escriba cuentos, guiones para el cine, componga canciones, vuelva a la Rolling Stone… lo que sea, pero sea feliz. ¿Dónde está ese chico que se comía el mundo? Hasta ha cambiado su bici estilo europeo por un coche que, aunque con mucha personalidad, ni siquiera va con usted.

Mire profe, a mí también me dan miedo los cambios, no sé si lo de Michigan saldrá bien, pero de lo que estoy segura es de que la vida son dos días y tres cafés y no voy a pasarme el resto de mi vida, preguntándome qué habría sido de mí si hubiera estudiado Literatura.


Sospecho que después de leer esta carta se sentirá frustrado por haber dejado de lado sus sueños… Hay una cita de Stevenson que dice “nuestra misión en la vida no es triunfar sino seguir fracasando con entusiasmo y alegría”. Yo la interpreto como una invitación a cambiar las cosas que no te gustan, a pesar de que eso implique el riesgo de fracasar en el intento. Perseguir los sueños de uno no es un fracaso, siempre y cuando se esté contento con ello. Acuérdese de LOS RODRÍGUEZ, y antes que ellos su querido Calderón, que decían que “la vida es un baile de ilusiones y el que no baila está muerto, porque la vida es un sueño y los sueños, sueños son”.

Estoy convencida de que este año 2006 va a ser un año lleno de ventajas. Aprovéchese de ello, sáquele partido. Si finalmente se pone en movimiento y decide que 49 años es una edad más que razonable para cambiar las cosas y, como el electrón del principio de Heisenberg, cambia su posición y velocidad, y modifica los datos a pesar de la posibilidad del error, hágamelo saber a través de mi dirección de correo electrónico: goodnightsweetgirl@msu.edu.


Estaré muy contenta de tener noticias suyas, seré muy feliz si descubro que ha vuelto a tener fe en el Principio de incertidumbre y que ha dejado que esta banda sonora se convierta en la banda sonora del resto de su vida.

Gracias por enseñarme tanto sobre la vida y tan poco sobre arquitectura.


Besos infinitos,


Su eterna seguidora

domingo, 21 de junio de 2009

Querida Chelsea



Rawalpindi, 10 de Enero de 2004.


Querida Chelsea:


Te escribo desde el búnker que debería ser nuestro nidito de amor, y que sin ti es un espacio oscuro, frío y desolado. Estoy cansado, Chelsea, muy cansado de sufrir por ti. En tu última carta me dices que soy un fanático religioso, un musulmán empedernido, un terrorista y un asesino. Tal vez todo eso sea cierto, pero te digo una cosa: por ti quemaría todos los ejemplares del Corán; por ti colgaría a Yasser Arafat de las bolas en medio de la Plaza de Jerusalem.

Yo sé que somos muy distintos. Tú eres americana, yo árabe; tú comes hamburguesas y masticas chicle todo el día, yo me conformo con un poco de pan negro con aceite de sésamo. Tú prefieres la marihuana; yo el hashish. Pero esas diferencias son las que me atan a ti, oh, diosa de las diosas, reina entre las reinas; oh, Chelsea. Toda mi vida a ti te la dedico. Ni todo el dinero que tengo, ni todas las empresas de mi familia significan nada para mí si no puedo beberme los néctares de tu piel pecosa y salvaje, tus tibias mieles y tus cálidas ambrosías alimentadas bajo el sol de Arkansas (¿o era Oklahoma?). Amada mía, siento que toda mi vida cae en un abismo sin fondo si no puedo besar tus ojos al comienzo de cada anochecer y al final de cada aurora.

Anoche no pude dormir de tanto llorar por ti. Puse un disco de Richard Clayderman, y las lágrimas me empaparon la barba y, como estaba de lado, me tuve que cambiar de turbante cuatro veces. Es que no puedo vivir sin ti, Chelsea. Y si tú insistes en escribirme sólo para decirme que soy “un barbudo de mierda”, como me llamas en tu carta, entonces creo que lo mejor sería abandonar este mundo en que me asfixio sin el perfume de tu piel. He pensado que tal vez debería dejar de planificar atentados y directamente raptar yo mismo el próximo avión, y morir quemado, estrellándome contra algún rascacielos mientras lloro la maldición de tu desamor. Eso, y que todos crean que me sacrifiqué por Alá, cuando en realidad me suicidé por una pequeña puta en calzón de seda como tú.

Me molesta que me digas que yo sólo quiero tener “notoriedad pública y poder político”, como escribes en tu hiriente misiva anterior, esa epístola agresiva que me enviaste, esa navaja brillante y traicionera que le propinó otra herida más a mi pobre y desgraciado corazón, que pronto fenecerá destrozado a causa de tu crueldad. ¿Cuántas veces tendré que decirte que todo lo que hice lo hice por ti? Toda mi vida creí tener ideales, pero desde que te vi por primera vez me importó un carajo Afghanistán, los rusos, el mundo árabe, Estados Unidos, el ascenso que me prometieron en la CIA y todo lo demás. ¿Es que no entiendes que he perdido el sentido de mi vida desde que te vi en aquella visita presidencial acompañando a tus padres Bill y Hillary, vistiendo ese jean negro elastizado que te apretaba las carnes del culo dejándotelo más redondo que la panza de una estatuilla de Buddha? ¿Y sigues creyendo que lo que quiero es notoriedad pública, oh, Chelsea? Ten piedad de mí, mujer. Ya no como ni duermo. Casi ni voy a las reuniones de Al-Qaeda porque me encierro a tocarme pensando en ti. Mi médico me dice que tanta masturbación me hará mal, además de ofender al Corán. Pero es que te necesito tanto... He tratado de atarme las manos, pero es más fuerte.

Otra cosa que me molestó mucho, amada Chelsea, es que en tu carta me dices que hubieras preferido que las torres gemelas cayeran de noche, para así poder ver “el fuego de las explosiones en contraste con las luces nocturnas de New York”. ¿Sabes el dinero que me costó organizar todo, mujer? ¿Tienes una idea de lo que cuesta convencer a 20 infelices de que van a conocer a Alá cara a cara, además pagarles la escuela de aviación, y todo lo demás? Eres una desagradecida, Chelsea. Yo te di lo mejor de mí, y tú lo sabes. Pero te diviertes criticándome, hiriendo lo poco que queda de mi orgullo.

Contéstame una cosa: ¿qué hiciste con el osito de peluche que te mandé? Lo tiraste, ¿verdad? Sí, seguramente lo tiraste a la basura. No te bastó con cagarme la vida; también necesitas reírte de mí y menospreciar mis obsequios. Más me valdría morir ahora mismo, con mi alma arrodillada ante tu nombre; con mi carne martirizada por tu ausencia. Con mi barba empapada de lágrimas y mocos. ¡¡Oh, mierda!! ¡Aunque sea miénteme, Chelsea! Ten piedad de un hombre moribundo de amor. Miénteme, y dime que me amas, dime que me necesitas.

Yo no quería ser el líder del mundo árabe, Chelsea: yo me cago en Alá y en Mahoma. Yo sólo quería que me amaras. Por ti puse las autobombas en las embajadas norteamericanas de Kenya y Nairobi. Por ti hice saltar esas torres gemelas a la mierda. Quería ser famoso pero sólo para que me vieras en todos los diarios y los noticieros, Chelsea. Sí; quería que al ver mi foto dijeras “pero caramba, qué tipo más apuesto”, y que te enamoraras de mí. Pero desgraciadamente la realidad del mundo nunca es la que imaginamos los enamorados.

Chelsea, ¿qué hago ahora con todas las ilusiones que tenía? ¿Qué hago con la mansión de seis pisos que mandé construir en Damasco para que viviéramos los dos? ¿Le pongo una bomba y mato a toda la servidumbre? ¿Me la meto en el culo? Ay, amor... ya no sé cómo pedirte que me aceptes en tu corazón. Yo te perdono todos los insultos que me propinas en tu carta. Si quieres me hago protestante, judío o buddhista, lo que tú quieras, con tal de tenerte a mi lado. Si es por tus padres no te preocupes, yo hablaría con ellos. ¡¡Dios mío, estoy desesperado, Chelsea!! ¡¡Dame alguna respuesta, amor!! Ya no soy el mismo de antes. Ya no sé disfrutar de las cosas pequeñas y hermosas de la vida. Por favor apiádate de mí.

Dime lo que quieres de mí y lo tendrás. Si quieres puedo tirar abajo la Torre Eiffel, o el Empire State. Oh, Chelsea, corazoncito mío, muñequita de porcelana, mordisquito de melocotón, duraznito amarillo en almíbar, caramelito relleno. ¿Quieres que haga volar el Empire State? Lo puedo hacer caer de noche, así te gusta más. ¿Quieres?

Para siempre y sin esperanza, te ama

Osama.
Nota: Este cuento lo escribí para un concurso de cartas de amor que organizaba un taller literario de España, cuyo nombre en este momento se me escapa. Fue en el año 2004. Perdí. Después lo leí en la Conferencia de Estudiantes Graduados organizada por la University of Cincinnati, en el año 2005. Mientras lo leía, algunas señoras se levantaron y se fueron. Releyéndolo ahora, no entiendo por qué tanto rechazo.
Maximiliano Sánchez

Masángeles, de Beatriz Flores Silva


Masángeles es la tercera película dirigida por la uruguaya Beatriz Flores Silva (que dirigió también Les Sept péchés capitaux, 1992 y En la puta vida, 2001).
Masángeles podría ser la historia de una niña que se ve obligada a crecer como convidada de piedra en una familia adoptiva. Podría ser, también, la historia de un incesto. O también una revisión de la historia política del Uruguay de los ´70, debatiéndose entre Tupamaros y golpes de Estado. Masángeles es todas esas cosas a la vez, y no es ninguna. La ambición por cubrir tantos temas a la vez lleva al film a perder su línea narrativa a lo largo de sus (interminables) 122 minutos.
Masángeles, la niña que da el nombre a la película, es la hija ilegítima de un poderoso diputado uruguayo. El suicidio de la madre de Masángeles obliga al diputado Aurelio Saavedra a llevar a la niña, de sólo siete años de edad, a vivir a su casa, compartiendo así el techo con su familia “legítima”. Masángeles crecerá entre sus medio-hermanos, sus medio-primos, y una madrastra que nunca terminará de aceptarla. Es ahí cuando la línea narrativa de la película parece abrirse en dos.
La directora no desarrolla en profundidad la historia de Masángeles, que tiene que crecer como una suerte de ciudadana de segunda clase, durmiendo en el altillo de la mansión de una familia acomodada que parece aceptarla e ignorarla al mismo tiempo. La familia Saavedra es una de las más ricas e influyentes en la vida política uruguaya. Hay juegos de poder, luchas por llegar a ocupar cargos públicos, disputas que, más de una vez, llevan al diputado Aurelio Saavedra a batirse a duelo (una práctica que fue usual y legal en Uruguay durante los años ‘70) contra sus circunstanciales opositores.
Entonces ya tenemos dos películas: Masángeles creciendo en el seno de una familia postiza, por un lado, y las luchas por el poder político, por el otro. Pero la directora no se queda ahí, sino que avanza en su delta narrativo. Quiere más, quiere decir más, quiere compendiar toda la historia uruguaya de los años ´70 en una sola película. Es en ese momento cuando aparece la tercera película, dentro de la misma película que creíamos estar viendo.
Hacen su entrada los Tupamaros. Entran violentamente en la mansión de los Saavedra cuando la familia está cenando. Es, tal vez, la escena menos convincente de todo el film. Los guerrilleros, armados con ametralladoras, arrojan volantes del Partido Comunista, pintan las paredes del comedor con aerosol, y uno de los niños, el medio hermano de Masángeles, les dice que los admira. La escena está tan mal lograda que el film parece desembocar en una comedia.
La película, una vez más, vira hacia otra película: Masángeles crece, y se enamora de su medio hermano. Ambos son ahora adolescentes. El amor los lleva a una relación incestuosa. Masángeles quedará embarazada de su medio hermano. Esa es la cuarta película narrada al interior de Masángeles. Pero hay más. Porque el amante medio hermano de Masángeles entra a formar parte de la organización Tupamaros, que a todo esto siguen con su lucha armada. Se descubre entonces que la mansión de los Saavedra tiene un túnel subterráneo que conduce a la iglesia vecina, que está a cargo de un sacerdote tercermundista, también involucrado con los guerrilleros.
La película se convierte así en una sumatoria de historias narradas a medias que intenta mostrar, sin éxito, la lucha armada guerrillera (hay tiros, hay escenas con tanques de guerra avanzando por las calles, hay tableteos de ametralladora que retumban en la noche), los discursos de la teología de la liberación, la corrupción de la clase acomodada uruguaya, el amor y el incesto, un niño rico que hace proclamas de izquierda ante un padre burgués, etc., etc. Es demasiado para una sola película. La narración se pierde, se ramifica, y cada una de las historias contadas da la impresión de carecer de intensidad. Cada una de las cinco historias narradas en la película podría haber sido, en sí misma, una película aparte. Esto es especialmente notorio en el caso de la relación incestuosa. Masángeles y su medio hermano se aman en la habitación que conduce al túnel secreto, que conduce al escondite de los guerrilleros, que a su vez conduce a la Iglesia donde el párroco lanza sus proclamas de teología liberada. Las caricias son interrumpidas por llamados telefónicos en clave, por guerrilleros llevando y trayendo armas, por fugas a medianoche. A todo esto, hay un tío de Masángeles, hermano del diputado Saavedra, que abandona a su familia para irse con el mayordomo de la mansión, que es nazi y homosexual.
En un final que no resuelve nada, sino que agrega más indefinición y confusión, Masángeles, con su niño recién nacido en brazos, se sube a un avión con destino a París. Un final desconectado de todo para una película inconsistente y diseminada en cinco o seis historias superpuestas y mal narradas.


Maximiliano Sánchez