domingo, 16 de agosto de 2009

Las náufragos

1.

Cuando atraviese el segundo portón que está al doblar la esquina,
esa melodía revolverá sus ojos como la rueda de un molino que apura al aire en un incendio y en breve, todo habrá quedado atrás indiferente:
que alguien le avisa cuando está por llover aunque todo se mire de una misma manera y esos motores, nunca olviden la inútil intención de pintarse los labios mientras camina,
puede ser otra de sus mentiras.
En la quinta cuadra, el fantasma de hierro pasea sin miedo su boca, improvisando palabras para nadie. En ella no existen. Un amigo en el canal de las estrellas muestra su capa de tristeza mientras cae hasta perderse en el vacío de un bloque.
Dos macetas de porcelana esconden una parte de su mano izquierda y desde la ventana pueden verse los escombros de una casa demolida y transformada en una veterinaria. Ella sueña con ser la bailarina de una conversación en la noche.


2.

Por primera vez este lugar es abierto y no se parece a nada aunque las horas del trance causen en este desierto de aguas sin salida, un instante con gesto de repetir palabras en la tarde de un buceador de horribles melodías o la pausa de maniquíes derretidos en sus ojos de arena.
Por única vez,
no hay heridas que tomen aire y luego olviden a la víctima sin memoria que florece en una oscuridad con el brillo que tienen los puertos que vomitan angustiosas prostitutas detrás de mudos pasajes. La fuga inevitable es en toda dirección en las playas que ocultan el secreto de algunos decapitados que han sostenido al mar mil veces muerto en su sonrisa de infinito margen.
Por última vez,
el horror de salir corriendo es antifaz y sombra de árboles en la noche de un fantasma que ha desaparecido en la ceremonia de su tristeza sin beber su vino: las flores oscuras y los muelles azulados a veces dan asco.


3.

En los azulejos de una casa de cartón había dibujado una flor incompleta y una soga.
Creo que después volvió. Eran tres las personas que bailaban esos cuerpos apresurados con ojos de otros mientras el silencio de tallar alguna voz en la ausencia devolvía agotadas formas de esperar.
En otro plano a la vez, desintegró la escena de una niña mutando descalza entre sustitutos muñecos sin boca que habían entrado por su cara para ver a esos enfermeros arrastrar un muerto hasta la bañera y así despistar al ángel que horas más tarde atropellarían con sus oraciones.


4.


“ el diamante perdura entre nosotras y con la lengua tocamos la lluvia donde un día sucedían muertos”.

(Las Náufragos.)



5.

Habla de un trapecio nebuloso sobre el mar que ha visto por segunda vez sin asombro una colmena de murgas colgadas de un bostezo, antes de despertar en lo invisible de una galería de esculturas de nylon sobre una playa, donde carpas son levantadas y despedidas al humo sin razón.
Respira y todo lo destruye. Entra por su boca como piano bajo fuego al sendero que conozco y cuida sus ojos de expresos a ninguna parte.
Así de animales han enterrado el secreto de un manicomio a la vista de una cruz en la noche y mueren de cansancio en el dolor abierto de una mentira. Adiós y luces que se apagan.




Perseo