sábado, 19 de diciembre de 2009

Puto Caro

Hay una mujer en el reverso de una tela mirando dentro del bolsillo de un esquimal en la morgue de los días.
Pienso que falta un llegue de sol a su cabeza en la que solo cuento curvas entre montañas y el espacio resuelto de un accidente que me mató desde lejos.
He salido.
Me han visto feliz de costado.
Un camión ha detenido su marcha frente a mí unos minutos y he sentido vergüenza al descubrir que el chico de la basura me mira con desprecio mientras se toca la pija por encima del pantalón. A propósito le he dejado la ventana de la cocina a medio abrir y las llaves del Fiat 128 amarillo que metálicamente cualquiera puede tomar como algo borroso en la frontera de una mesa, pero se aleja con indiferencia mientras escupe en su huida.
Pienso como la mujer que tiene bordada sus venas de hilo mientras cruzo esta calle transitada y siento frío de acordarme las veces que lo esperé llegar. Recuerdo cuando me saqué la ropa esa mañana y la mano derecha de aquel morocho estrelló mi cara contra el piso.
Hubo una fuga después,
la del brazo de un abrigo estirado todo un domingo atrapado en mi cuerpo dolido o como seis monedas cayendo al piso de abajo sin hacer ruido.

Perseo.

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