Estar parado frente a ese enemigo.
Su estómago es una gran galleta dulce devorada por cientos de hormigas rojas que dan su mordisco a destiempo y sin dirección.
Me acuerdo de sus ojos.
Tenían la imagen de nacer atrapados por una luz que entraba y salía como alguien que mira los postes del teléfono en una ruta desde la ventanilla de un coche en movimiento.
Tenía miedo.
Se reía de la posición de mis brazos una vez que mi mano izquierda empezó a temblar bajo un techo de chapa invadido por los golpes que las ramas de un álamo le apuraban.
Era domingo y no fuimos a la calesita cerca del Auditorio porque mi hermana se murió de un ataque de risa al verme pelear.
Perseo
sábado, 19 de diciembre de 2009
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